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Pol?ticos 2.0: la campa?a digital

Martes, 9 de Junio de 2009 Dejar un comentario Ir a comentarios

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Con la expansi?n constante de Internet, las transformaciones en las formas de comunicarse son cada vez m?s claras y contundentes: el marketing, por supuesto, no es ajeno a este fen?meno y tampoco lo son los pol?ticos, que han encontrado en la web 2.0 un nuevo espacio para seducir a sus potenciales votantes.
Poco a poco, la campa?a deja de desarrollarse a trav?s de los tradicionales carteles, spots televisivos y discursos en estadios para ganar espacio en el escenario virtual, un canal de interacci?n m?s din?mico, veloz y ?sobre todo? personal, muy diferente de la t?pica estrategia fr?a y vertical.

Observando los n?meros, resulta obvio que era s?lo cuesti?n de tiempo antes de que los candidatos comenzaran a apostar a las nuevas tecnolog?as: m?s del 70 por ciento de los 150 millones de usuarios de Internet en Am?rica Latina est?n registrados en alguna red social. Esta apertura del juego pol?tico-comunicacional permite ilusionarse con un cambio radical en la relaci?n entre los ciudadanos y sus representantes, como as? tambi?n con una reformulaci?n de las estructuras y pr?cticas de los partidos.

Pero, ?nos encontramos realmente ante el nacimiento de un nuevo espacio p?blico? Al tratarse de una plataforma relativamente nueva, de momento hay casos m?s y menos exitosos, siendo el del actual Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, el m?s emblem?tico de todos (adem?s de ser, no casualmente, quien mejor entendi? y supo usar las herramientas digitales).
Obama es el paradigma de la pol?tica 2.0: la ?ltima elecci?n presidencial norteamericana marc? un punto de inflexi?n en la comunicaci?n pol?tica. Su estrategia digital fue un elemento tan decisivo en la campa?a que no son pocos los expertos que afirman que si no fuese por Internet, Barack Obama no habr?a logrado el triunfo. El equipo de campa?a del primer mandatario logr? comprender el poder de las redes virtuales y desarroll? un mensaje persuasivo a trav?s de bases de datos, SMS, e-mail marketing y las ya cl?sicas e ineludibles coordenadas web 2.0, como YouTube, Flickr, MySpace, Twitter y Facebook.
El marketing mobile tambi?n jug? un rol central en la participaci?n activa de los ciudadanos en la campa?a electoral: desde descargas de contenidos como wallpapers, screensavers, aplicaciones y ringtones del candidato, hasta la rupturista movida de anunciar su compa?ero de f?rmula mediante mensajes de texto a millones de estadounidenses.

La enorme efectividad de la t?ctica de marketing digital de Obama, obviamente, inspir? a los pol?ticos locales a seguir sus pasos. Aunque los primeros pasos de los candidatos argentinos en Internet comenzaron a sentirse en el marco de las elecciones presidenciales de 2003, el pico de popularidad de las herramientas virtuales se produjo este a?o: pr?cticamente todas las figuras centrales de la campa?a cuentan con su espacio 2.0, ya sea exhibiendo sus propuestas en sus blogs, subiendo sus discursos y entrevistas a YouTube o sumando adherentes en Facebook.
Sin embargo, que un pol?tico tenga su cuenta en Twitter no necesariamente significa que se promueva un intercambio real entre electores y candidatos, ni que haya un cambio radical en las propuestas. En el escenario actual se puede observar que, sencillamente, se hace pol?tica de la manera tradicional a trav?s de un canal de comunicaci?n novedoso. Falta un mayor entendimiento del potencial de Internet (que es mucho m?s que un instrumento para obtener votos) y del concepto de 2.0 (cuya pr?ctica central, la interacci?n permanente entre los individuos, aqu? no se aplica).

Lo cierto es que la comunicaci?n entre los pol?ticos y la ciudadan?a ya ha entrado en un proceso de cambio. No obstante las numerosas falencias que puedan encontrarse en esta primera fase de su desarrollo, las posibilidades son enormes si las herramientas se usan de manera adecuada y con responsabilidad: han probado ser un elemento fundamental para garantizar la transparencia democr?tica y para reforzar un v?nculo m?s personal entre los individuos y sus representantes, ofreciendo a los primeros participaci?n activa en un proceso que antes era unidireccional y permitiendo a los segundos mostrar su faceta m?s humana.